miércoles, 28 de mayo de 2014

Unión Europea y propuesta de Grecia sobre cultivos transgénicos

Grecia envía una ‘propuesta-trampa’ a Europa sobre cultivos transgénicos
Amigos de la Tierra Europa y muchas otras organizaciones y gobiernos siempre han defendido la necesidad de que los estados miembro de la UE tengan más poder de decisión sobre el cultivo de transgénicos en su territorio.
ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 27/05/2014, 11:16 H | (143) VECES LEÍDA
La propuesta griega para renacionalizar las decisiones sobre cultivos transgénicos abrirá las puertas de Europa a los cultivos modificados genéticamente.
Introducción
Amigos de la Tierra Europa y muchas otras organizaciones y gobiernos siempre han defendido la necesidad de que los estados miembro de la UE tengan más poder de decisión sobre el cultivo de transgénicos en su territorio. Sin embargo la propuesta de la presidencia Griega, de llegar a aprobarse, sería un regalo envenenado ya que proporciona una enorme influencia para las empresas que se benefician de la tecnología transgénica y una base legal muy débil para los países que se oponen a los cultivos modificados genéticamente.
La Comisión Europea debe garantizar a los gobiernos la capacidad real para mantener su territorio libre de transgénicos.

Breve evaluación de la actual propuesta del Consejo Europeo
Según la propuesta actual, los gobiernos nacionales que no quieran que se cultive un transgénico en su territorio estarían obligados a solicitar a las empresas agrobiotecnológicas como Monsanto y Syngenta que excluyan a su país de la solicitud. Esto sitúa a los gobiernos y a la ciudadanía a merced de las empresas.
Su aprobación implicaría debilitar el texto adoptado por el Parlamento Europeo en julio de 2011, que potencialmente garantizaba verdaderos poderes a los estados miembros para prohibir el cultivo de OMGs.
Los fundamentos según los cuales se podrían prohibir los cultivos transgénicos son muy débiles y dejarían la puerta abierta a que las empresas biotecnológicas demanden a los países aunque hayan acordado democráticamente poner una moratoria sobre este tipo de cultivos. A su vez limita la importancia de un escrutinio riguroso de los riesgos ambientales y para la salud. Lo que supone un debilitamiento de la red de seguridad europea que ha mantenido a Europa como un territorio mayoritariamente libre de transgénicos; y un duro golpe al principio de precaución en el que se basa la política europea.
Las moratorias nacionales establecidas, si finalmente contasen con una base legal tan débil, podrían ser cuestionadas por la vía legal o mediante tratados de libre comercio, tal y como afirmaba un experto legal del Consejo.
El 12 de junio los Estados miembro tendrán que decidir si coinciden con esta propuesta en la que las empresas gozarían de un mayor poder y acabarían con la capacidad de decisión de los Estados miembro. Es imprescindible alcanzar otro planteamiento donde un Estado no tenga que verse obligado a solicitar el consentimiento de la empresa a prohibir el cultivo de transgénicos, así como establecer bases legales sólidas, que ofrezcan garantías a los gobiernos.
http://www.tierra.org

Carnaval contra Monsanto en México

ALAI, América Latina en Movimiento

2014-05-27

Mexico

Voces del carnaval contra Monsanto

Alfredo Acedo
Clasificado en:  Política: Movimientos, |   Social: Social, |  Economía: Agro, |
Disponible en:  Español       
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Unas cinco mil personas, según estimó Adelita San Vicente Tello, del colectivo Semillas de Vida, participaron en el Carnaval del Maíz, desfilando por la avenida Paseo de la Reforma en un ambiente festivo pero de claro rechazo a Monsanto y sus semillas transgénicas, desde el Ángel de la Independencia hasta el Monumento a la Revolución, en cuya explanada se llevó a cabo un recital y talleres de pintura corporal, dibujo de carteles, decoración de aserrín teñido y siembra y distribución de semillas, este 24 de mayo, en la Ciudad de México.
 
Aquí las voces e imágenes recogidas en el Carnaval:
 
“Es muy importante participar en estas movilizaciones, en este caso respondiendo a la convocatoria mundial de repudio contra Monsanto, porque así se va creando más conciencia en la sociedad; no es bueno hacer mutis. Además son acciones que se complementan con los recursos legales para detener a las trasnacionales porque los jueces y magistrados que sí leen se van dando cuenta de la importancia del asunto y de las voces sociales involucradas.” René Sánchez Galindo, abogado, autor del juicio de acción colectiva que logró la suspensión provisional de permisos de siembra de maíz transgénico en México, dictada por un juez federal en septiembre 2013.
 
“Tenemos que expulsar a Monsanto porque representa enfermedad y muerte tanto para la biodiversidad como para la gente. Y hay que presionar al gobierno. Si han llegado tan lejos las trasnacionales es por la corrupción de los funcionarios públicos. ¡Nada con los transgénicos!” Kika, fotógrafa
 
“Monsanto y otras empresas trasnacionales son dueñas de la tecnología para modificar genéticamente las semillas, introduciéndoles genes de otras especies de plantas y animales para luego patentarlas como propiedad privada. Estas empresas presionan al gobierno para sembrar su maíz transgénico en México; si lo logran, contaminarán nuestro maíz y nos cobrarán por sembrarlo.” Colectivo #CarnavaldelMaíz #FueraMonsanto
 
“La milpa campesina es un sistema productivo de temporal que desde tiempos prehispánicos representó el principal proveedor del maíz y otros alimentos para los pueblos originarios de Mesoamérica. Dentro de la milpa se obtienen y siembran yerbas y frutos comestibles como el chile, el frijol, la calabaza, los quelites, el amaranto y el epazote. Además se recolectan hongos e insectos. Hay 70 plantas y animales útiles en las milpas. La mayor parte se utilizan en la cocina, en la medicina, como abono y alimento para animales, como ornato y materiales para elaborar artesanías. Tradicionalmente, en la milpa se privilegió un tipo de cultivo que hoy llamaríamos orgánico, pues el rastrojo se usa como abono natural y algunas plantas como el cempasúchil se utilizan para el control de plagas. En un balance real de la producción de beneficios de la milpa en su conjunto, los rendimientos son muy superiores a los que se obtienen sólo contabilizando el maíz al final de la cosecha.”  Martín Liceaga, estudiante del #YoSoy132 Ambiental
 
“Hay que cambiar el paradigma de tonelada por hectárea para valorizar todos los nutrientes obtenidos de la milpa, ya basta de humillación disfrazada de estadística. La milpa mantuvo civilizaciones, en cambio los monocultivos y agrotóxicos han destruido pueblos enteros dejando sólo tractores y computadoras y ningún campesino. Y han pervertido nuestra alimentación. Basta de sabritas, macormics y demás chatarra. Que todos lean la guía roja y verde de Greenpeace para evitar el consumo de transgénicos. Tenemos un grupo de campesinos en Ocotitlán, Morelos, unas 60 familias que practican el tequio y siembran semillas nativas y criollas. Con ellas trabajamos talleres de composta, así como de género y de creatividad, o sea, el arte y su aplicación en las luchas de base. Ahora no basta con trabajar tu surco, es necesario poner piedras en el camino de las corporaciones que contaminan el mundo y comprometen el futuro de nuestros hijos.” Toña Osher, artista plástica
 
 “México es el centro de origen y diversificación del maíz, fruto de 8 mil años de agricultura campesina, regalo de los pueblos indígenas al mundo. Con apoyo decidido, los campesinos pueden producir suficiente maíz para cubrir las necesidades de todo México. ¡No podemos permitir que nuestras variedades de maíz y otros cultivos desaparezcan, para darle lugar a sólo una variedad de cada especie! ¡No podemos darle a unas cuantas compañías el poder sobre los alimentos! ¡No podemos permitir la invasión de los transgénicos! Y no debemos olvidar nuestro gran método de cultivo, la milpa.”  Colectivo #CarnavaldelMaíz #FueraMonsanto
 
“Vine porque es necesario defender la integridad de nuestro país, Monsanto es una amenaza contra productores y consumidores, es decir, para todas las personas, y me sorprende de buen modo ver tantos jóvenes participando tan creativamente.” Orvin Lozada, arquitecto
 
“Conozco muchos jóvenes que como yo están preocupados por lo que pasa en el país: la violencia, la pobreza, la falta de empleo para nosotros, y para colmo tenemos la amenaza de las trasnacionales como Monsanto. La gente que vino se ve que está enterada, y le echaron los kilos para manifestarse con imaginación. Yo estoy al tanto de las luchas ambientales porque participo de cerca en el Colectivo México Vía Berlín y con el #YoSoy132 Ambiental. En el periódico que distribuyo, El Hormiguero, seguido abordamos temas de soberanía alimentaria y defensa del maíz. En esta edición, en la sección Entre todos sabemos todo traemos un artículo que explica la elaboración de una composta a partir de nuestros residuos orgánicos.” Daniel Sánchez, Jóvenes ante la Emergencia Nacional
 
“Esta lucha ya es de los jóvenes, ya están metidos en la defensa del maíz y la soberanía alimentaria. Aquí está el relevo. Tampoco es para que nos alejemos, vamos a seguir hasta donde se pueda pero me llena el corazón de alegría ver que los jóvenes se interesan. Atravesamos una situación llena de paradojas. La suspensión del juez de los permisos de cultivo de maíz transgénico, a raíz de la acción colectiva que interpusimos un conjunto muy diverso de organizaciones, es importantísima. En los muchos años de lucha no habíamos logrado nada, hasta septiembre de 2013. Esta medida cautelar tuvo resonancia mundial. Pero ya va un medio centenar de impugnaciones de las secretarías de Agricultura y de Medio Ambiente, junto con las empresas, en contra de la decisión del juez. ¡Ve nada más: el gobierno litigando en contra de una medida precautoria y a favor de las trasnacionales! ¡Es una brutalidad de estado! Nos han dicho que esta es una lucha de David contra Goliat, pero el hecho es que somos muchos David.
 
 “Este es un momento crucial, debemos buscar las confluencias. La detención de los permisos preocupa y enoja a las trasnacionales. Este gobierno está recomponiendo los viejos hilos de cooptación pero al mismo tiempo está echando mano de la represión y la criminalización de los movimientos sociales. Hay problemáticas que están afectando directamente en comunidades, pueblos, ciudades, de manera más dramática que la amenaza del maíz transgénico. Tenemos que trabajar más para hacer ver a la gente que este problema también afecta su vida cotidiana, su presente y su futuro. No está fácil, el gobierno está plegado a Estados Unidos y al servicio de las corporaciones. Pero hay ánimo y esperanza al ver cómo ha crecido no sólo la protesta sino también la propuesta. Está en curso un gran movimiento que mezcla lo agroecológico con lo tradicional y muchas experiencias diversas que demuestran que podemos hacer las cosas de otro modo.” Cati Marielle, Grupo de Estudios Ambientales
 
Si no tenemos terreno, hay que sembrar hasta en macetas nuestros chiles, jitomates y cebollas. ¡Qué bonito se siente cuando las plantitas van creciendo! Debemos cuidar nuestras semillas para seguirnos alimentando conforme a nuestras tradiciones. Basta de chatarra llegada de Estados Unidos. Hay que exigir que se respeten nuestras costumbres y territorios. Nuestra tierra es sagrada.” Amalia Salas Cazales, campesina
 
“Sembramos maíz, frijol, habas, con cero pesticidas y con semilla criolla, como lo hicieron nuestros antepasados. Intercambiamos semillas. Soy parte de un grupo en San Mateo Tlaltenango, Cuajimalpa. Producimos para el consumo familiar y el excedente lo vendemos en la comunidad y en los tianguis. También tenemos huertas de peras, manzanas, tejocotes, así como colmenas. Siempre participamos en estas manifestaciones.” Margarita Cruz, agricultora
 
“Ya se sabe, México es la cuna del maíz, por eso debemos ser el vértice más importante en la defensa de este grano. Los negociantes lo han convertido en mercancía, en combustible, en alimento de animales; es un atentado a las raíces de nuestra cultura. Somos tercer lugar en riqueza culinaria en el mundo y eso se lo debemos en gran medida al maíz. Tenemos derecho a preservar los alimentos que la tierra nos da. La alimentación es un derecho humano pero no se trata sólo del acto de comer sino de la calidad de los alimentos.” Ruth Briones, divulgadora de lectura
 
“Además de estar concientes de su situación, muchos jóvenes se movilizan porque se divierten, y responden a la convocatoria porque no se trata de actos tradicionales de consignas verticales y gastadas, de tediosos discursos y monólogos sino de espacio para la expresión, la libertad creativa y afirmación de la identidad. Al final de esta marcha carnavalesca no hubo templete para oradores sino lugar para poetas, músicos y talleres.” Laura Carlsen, directora del Programa de las Américas
 
“Monsanto pretende homogenizar el maíz y volver dependientes a los campesinos y consumidores, dejándonos a todos en manos de las trasnacionales. No estoy de acuerdo. Es algo que como mexicanos no debemos permitir. Los campesinos guardan sus semillas para un siguiente ciclo y las intercambian en un proceso continuo que ha dado origen a la diversidad que ahora tenemos. Eso debemos preservarlo, hay que decir sí a las semillas nativas y no a los transgénicos. En el seminario de Alimentación y Tecnología de Semillas nos preparamos para difundir este conocimiento y aquí hemos venido a mostrar a la gente de manera didáctica cómo funciona la milpa. En carteras de huevo sembramos los diversos elementos que después pueden ser trasplantados a un sitio adecuado.” Erick Rebollo, noveno trimestre de agronomía, UAM Xochimilco
 
“Pertenezco a un grupo de activistas jóvenes, colaboradores de la red de colectivos independientes Food Not Bombs (Comida, no bombas) ubicados en varias partes del mundo. Recolectamos la fruta y verdura de la central de abastos, supermercados y tianguis que no tuvo condiciones aptas para su venta, recuperamos la mejor parte y la preparamos de forma naturista para repartirla gratuitamente en lugares públicos a toda la comunidad pero en especial a la gente pobre. También realizamos actos culturales y acciones informativas sobre los problemas sociales, políticos y ambientales, con un carácter anti paramilitar, autogestionario y solidario. Por supuesto que estamos en contra de los transgénicos y de las trasnacionales como Monsanto que quieren imponernos esa tecnología que no es ninguna solución a los problemas del hambre. Por eso decidimos manifestarnos y repartir comida en este Carnaval del Maíz.” Stephania Chávez, activista
 
 26 / mayo / 2014
 
Alfredo Acedo es director de comunicación social y asesor de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas. México
 
 
http://www.alainet.org/active/74060&lang=es

Fuente: http://www.alainet.org/active/74060&lang=es

Festival de la Papa Nativa el 30 de mayo en Lima, Perú


Anuncian Festival de la Papa Nativa

Este viernes la Municipalidad de Lima celebrará el Día Nacional de la Papa en el Parque de la Exposición


Anuncian Festival de la Papa Nativa
(Foto: Christian Ugarte)

Lima se prepara para la fiesta de la papa peruana, tal como lo viene haciendo desde que el año 2005 se instituyó un día (30 de mayo) para celebrar al popular tubérculo.
La agenda incluye principalmente ferias como la que la Municipalidad Metropolitana de Lima montará del viernes 30 al domingo 1 de junio en el Parque de la Exposición. Se trata del V Festival de la Papa Nativa 2014, en que chefs, escuelas gastronómicas y productores mostrarán lo mejor de su oferta.
Según adelanta la Agencia de Desarrollo Económico de la Municipalidad, "durante esta actividad pequeños productores agrícolas expondrán una variada gastronomía a base de papas nativas (...) agricultores de las regiones altoandinas que realizan sus labores de manera sostenible, rememorando cultivos tradicionales, preservando las semillas nativas y resaltando el valor nutricional de las especies de papa oriundas de nuestro país".
El objetivo no es otro que promover el consumo de las muchas variedades de este tubérculo que busca cada año ganar espacio en el gran mercado limeño, además de elevar su consumo de 85 a 90 kilos por persona al año.
El festival también incluirá stands donde reconocidos chefs de Lima mostrarán los usos de la papa nativa en la gastronomía nacional; paneles informativos asociados a los 8 mil años de historia de este tubérculo, así como el origen y la importancia que tuvo la papa en la época de los incas; y además se mostrará una exhibición itinerante con 500 variedades de papa nativa, se mostrará su valor nutricional y su potencial culinario.
Esta fiesta -de ingreso gratuito- está enfocada en toda la familia. Habrá bailes y concursos gastronómicos.
EL DATO
La mayoría de papas nativas se cultiva sobre los 3.800 m.s.n.m.
Perú es el país con mayor diversidad de papas en el mundo: son 3.000 de las más de 4.000 variedades que existen en Latinoamérica, y ocho especies nativas domesticadas.
Además, posee 91 de las 200 especies que crecen en forma silvestre en casi todo nuestro continente (y que generalmente no son comestibles). 

Fuente: http://elcomercio.pe/gastronomia/ferias/anuncian-festival-papa-nativa-noticia-1732349

martes, 27 de mayo de 2014

Sentencia C-1051/12 Ley aprobatoria de tratado sobre protección de obtentores vegetales - Inexequibilidad por falta de consulta previa

La Corte Constitucional de Colombia acaba de publicar en el sitio web http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2012/C-1051-12.htm la sentencia por medio de la cual declara inexequible la Ley Aprobatoria de Tratado sobre Protección de Obtenciones Vegetales - UPOV 91.
Esta sentencia tiene un valor importante para los procesos sociales que trabajamos por la recuperación, conservación y defensa de las semillas. Asi que queremos a partir de hoy abrir el debate sobre este asunto.

Esta sentencia no resuelve el problema de la privatización de las semillas, ni de la aplicación de normas de certificación y control de siembra de semillas transgénicas en Colombia debido a que la Resolución 970 y la ley 1032 recogen gran parte del espíritu de la UPOV 91.
La UPOV 91 es una bandera de lucha de las empresas transnacionales de semillas que ven la posibilidad de ampliar su dominio sobre las patentes de semillas y de esa manera obtener un mayor lucro. De tal manera que lo que se propone debatir es: el derecho de propiedad de las semillas, el modelo de certificación, las restricciones a la resiembra, la ampliación del periodo de control de sobre la propiedad de las semillas para su comercialización, la definición del concepto de semilla. Y no como garantizar que las empresas tengan más lucro para continuar privatizando.
La campaña Semillas de Identidad se opone a la privatización de la vida y por supuesto a la privatización de las semillas. Las semillas son Propiedad de los Pueblos al Servicio de la Humanidad, son bienes comunes, son bienes de dominio público.
El modelo certificador actual es totalmente excluyente, policivo y autocrático. Se debe construir otro modelo de certificación más formativo en que el productor no certifique por el dinero que esto significa, sino por las ventajas para él y la sociedad. Procesos participativos de certificación adaptados a las condiciones locales de producción de alimentos y de escalas de economía. Procesos de certificación donde el consumidor sea consciente de qué compra, porqué y a quién está beneficiando con su compra.
Los agricultores requieren semillas de buena calidad, pero no son aquellas que imponen las políticas gubernamentales a través de leyes que proponen las empresas. Se requieren semillas adaptadas a las condiciones de ambiente locales de suelos, agua, manejo. Se requieren semillas que correspondan a la cultura alimentaria local.
De que le sirve a una comunidad que la obliguen a sembrar una semilla certificada que fue creada para ambientes que no son los suyos? Esto es lo que ha llevado a la ruina a miles de agricultores de todo el mundo y no las semillas locales, seleccionadas durante cientos de años.
Se requieren instituciones gubernamentales que se preocupen por las semillas locales. El neoliberalismo le dejó esta tarea a las empresas y las más grandes se devoraron a las más pequeñas imponiendo semillas de mala calidad. El ICA ya no cumple una función social, sino policiva, donde se cuidan los intereses de las empresas y no las de los ciudadanos y el país. Quien vela por las semillas locales?
Qué es una semillas de buena calidad? definitivamente no es la que establecen los señores de la UPOV. Para la campaña Semillas de Identidad una semilla de buena calidad es aquella que es adaptada a las condiciones locales, es cultivada sin agroquímicos, se puede reproducir, tiene una base genética amplia, no está contaminada de transgénicos. Ninguna de estas condiciones las cumplen las llamadas semillas "mejoradas".
La comercialización de semillas por parte de los agricultores es un derecho. Y éste derecho es reconocido en tratados internacionales como el Tratado Internacional de Recursos Fitogenéticos. No se pueden ceder y no se puede permitir que este derecho sea monopolizado por las 10 empresas transnacionales de semillas que existen en el mundo. Se propone que el Estado retome el control sobre la producción de semillas. Es cuestión de soberanía nacional, de soberanía y autonomía alimentaria. Se debe fortalecer la producción local de semillas a través de las redes de custodios y guardianes de semillas.
Las comunidades han intercambiado semillas por milenios, sin tener que ver con fronteras, las semillas han viajado por todos los continentes y ahora las leyes nacionales dicen que esto no se puede hacer por sanidad. Sin embargo, las semillas de las empresas si lo pueden hacer. Es absurdo.
La campaña Semillas de Identidad propone el cultivo de semillas con enfoques agroecológicos, biodinámicos, etc. En los modelos agroecológicos no hay plagas, no hay enfermedades, hay desquilibrios a corregir, pero no con el concepto de eliminar o matar. Este si sería el verdadero reto, la verdadera ciencia, lograr mejores cultivos, productos más nutritivos, sin aplicación de agroquímicos, sin la aplicación de recetas.





martes, 13 de mayo de 2014

Custodiando la semilla nativa, Nabusimake, Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia

El Espectador
Colombia

3 de febrero de 2014

Custodiando la semilla nativa
Personas dedicadas a sembrar, conservar e intercambiar semillas se reunieron en la capital del pueblo arhuaco para establecer una red de custodios que garantice la conservación de esta práctica agrícola tradicional.
Por: Ana María Luzardo Ocampo
En diciembre de 2013 se compartieron, en La Sierra, experiencias sobre centros de domesticación de semillas internacionales./Archivo Particular.
 La celebración del solsticio de invierno en Nabusimake, Sierra Nevada de Santa Marta, adquirió una relevancia particular con la presencia de custodios de semillas nacionales e internacionales que tenían un objetivo en común: seguir preservando la semilla nativa a través de los cultivos agroecológicos y el intercambio de semilla de papa, fríjol, maíz, entre otros alimentos característicos del territorio colombiano.
Durante los días 19, 20 y 21 de diciembre del 2013 el pueblo arhuaco recibió a visitantes provenientes de México, Francia, Brasil y la región caribe, pacífico, andina, amazónica y catatumbo interesados en socializar iniciativas comunitarias, que además de beneficiar a un número considerable de familias campesinas e indígenas, buscan conservar las tradiciones que existen alrededor de la siembra de semillas criollas.
Palabras en francés, portugués y español que luego eran traducidas a arhuaco amenizaron este encuentro sin precedentes y le hablaron al mundo sobre la importancia de retornar al origen, desde un lugar considerado como el corazón de la tierra.
Kokopelli: custodiando semillas desde la ilegalidad
En Francia, la cuna de la declaración universal de los derechos del hombre y del ciudadano, la asociación Kokopelli se dedica desde hace más de 10 años a promover la conservación de la semilla nativa, a pesar de las leyes que existen para restringir esta práctica milenaria entre las comunidades.
Desde 1949 los agricultores franceses están obligados a comprar únicamente las semillas registradas en el catálogo nacional de semillas, que a través de un decreto que considera ilegal la comercialización de semillas que no estén incluidas en este documento, les entrega a los grandes productores el poder de apropiarse de las semillas y aniquilar todo tipo de actividades relacionadas con el intercambio.
Como un ejemplo de desobediencia civil no violenta, Kokopelli dona semillas orgánicas de variedades tradicionales a gremios campesinos y comunidades indígenas no sólo en Francia sino también en países como India, Costa Rica y Perú para crear bancos comunitarios de semillas, redes de conservación de semillas y grupos de producción de semillas orgánicas. A través de estos, los pequeños productores garantizan su subsistencia y la memoria colectiva presente en los aspectos culturales que determinan la agricultura ancestral.
“Hace 20 años estamos desobedeciendo porque la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) y su tratado nació más o menos en los años sesenta, y aunque hubo modificaciones –de hecho la versión de 1991 es mucho peor- es una realidad que nosotros venimos ilegalmente reproduciendo semillas de tomate, lechuga, berenjena, chile, entre otros, que son el patrimonio de nuestros abuelos”, afirmó Eric Semeillon, director de Kokopelli en Costa Rica.
La exposición de Semeillon cargada de motivos para fomentar la creación de cultivos agroecológicos, que se caracterizan según expertos por imitar el funcionamiento de los ecosistemas naturales como el bosque nativo que no necesita fertilizarse ni regarse y que no presenta plagas debido a que vive en sincronía con la biodiversidad que lo rodea, son algunas de las estrategias propuestas en el encuentro para regresarle al campesino su derecho a sembrar.
Por otro lado, Andrés Guzmán –fundador del movimiento de creativos Alteróptica -– asistió al encuentro para dar a conocer una propuesta en la que el arte multimedial se convierte en un recurso de vanguardia que no sólo es puesto al servicio de las multinacionales sino también a disposición de las movilizaciones que según él le dan claridad a la humanidad. Guzmán expresó: “Estamos aquí para promover que la creatividad esté al servicio de la originalidad. La biodiversidad y la diversidad cultural de nuestro país son insumos suficientes para crear una matriz estética que relate la vida y genere otra posibilidad de economía, una distinta al extractivismo”.

Los centros de domesticación como opción para la conservación

Similar a Kokopelli, el objetivo de Vladimir Noreira y el equipo que conforma la red de semillas brasilera Bionatur –con presencia en Río Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná y Minas Gerais– es cambiar el ‘agronegocio’ por el agroecológico a través de bancos de semillas que sean propiedad de los agricultores.

Describiendo la relación amigable que existe entre la agroecología y el agua, la comunidad arhuaca y kogui, los representantes de las comunidades indígenas Emberá, los líderes de las ecoaldeas, entre otros asistentes comprendieron por qué –según Noreira– la agricultura tradicional no es sostenible: “desperdicio de agua en casi un 72 por ciento, pérdida de la diversidad genética, contaminación del medio ambiente y dependencia de insumos externos convierten a la agricultura con agrotóxicos y transgénicos en un proceso que no es acorde con el llamado de la madre tierra de cuidar la vida”.

Además de respaldar la domesticación de semillas, una actividad que finalizada la era glacial representó el origen de la agricultura, Bionatur destaca el valor gastronómico, cultural y ancestral que encierra el proceso de sembrar, recoger, seleccionar, intercambiar semillas y preparar los alimentos, promoviendo que este sea considerado como patrimonio cultural de la humanidad.

Los centros de domesticación de semillas, como espacios de conservación en donde los agricultores albergan el conocimiento sobre los cambios que experimenta la semilla de acuerdo a los pisos térmicos, las características del terreno, los ciclos del sol y de la luna, el riego, entre otros cuidados, representan para los asistentes al encuentro un legado histórico para la supervivencia de la especie.
¿Hay suficiente tierra para sembrar?
Diana Salazar –representante del resguardo indígena Emberá Cañamomo Lomaprieta del municipio de Rio Sucio (Caldas)– expuso ante los asistentes el proceso que lleva a cabo esta comunidad para conservar 600 variedades de fríjol desde el año 2009.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de los líderes interesados en aportar al mejoramiento de la calidad de vida de los Emberá en esta región del país, factores como la tenencia de la tierra amenaza la sostenibilidad del proyecto. De acuerdo con Salazar, “somos 23.860 habitantes para tan solo 4.860 hectáreas de tierra, aproximadamente. Con el proceso de reestructuración de los resguardos coloniales, el gobierno pretende convertirnos en globos donde acá podemos estar, pero allá no. Le hemos solicitado a los terratenientes de la zona que nos permitan sembrar y estos se han negado, a pesar de estar habitando un territorio que en el fondo no les pertenece. La tasa de natalidad aumenta pero la tierra no, y en diez años no vamos a tener donde vivir”.

Por esto, hechos históricos como la recuperación pacífica de la Finca Mendeval en marzo del 2007, ubicada en el municipio de Supía (Caldas) y destinada hoy en día a la siembra de semillas criollas, recobró un espacio en donde lo importante –señaló Salazar– es hacer agricultura con espiritualidad y conservar el nombramiento que recibieron en el año 2012 como territorio libre de transgénicos.

Un caso parecido es el esfuerzo que llevan a cabo los campesinos del Catatumbo para lograr que el gobierno nacional decrete este territorio como zona de reserva campesina (ZRC). Según César Jerez, líder campesino de la zona, esta categoría es fundamental para sembrar semillas libres de agroquímicos y seguir luchando por un modelo propio de soberanía alimentaria.
Otras alternativas para reestablecer orden natural
Ati Quigua, líder indígena de origen arhuaco y promotora del Referendo por los Derechos de la Naturaleza, hizo presencia en el encuentro como integrante activa de la comunidad y representante de SÉ, la ley de origen o la ley del orden natural en las elecciones al senado que se avecinan.

Esta visión del pueblo arhuaco, que habla de vivir en armonía con los ciclos y procesos vitales de la tierra quiere ser masificada a través de dos objetivos claros: el nombramiento de la Sierra Nevada de Santa Marta como territorio libre de transgénicos y en segundo lugar, pero no menos importante, la ejecución de la Declaración del Primer Encuentro Mundial de Custodios de Semillas que resume los tres días de trabajo en Nabusimake.

En este documento, los asistentes al encuentro expresaron su rechazo frente a la criminalización de las semillas nativas y de los campesinos e indígenas que las cultivan por parte del artículo 306 del código penal y la inclusión de Colombia dentro del UPOV91, sustentado en el Congreso de la República a través de la ley 1518 de abril de 2012¬; y la liberación comercial de semillas genéticamente modificadas en Colombia, tal y como ocurrió con el algodón transgénico BT de la firma Monsanto que contó con el visto bueno de las mesas técnicas del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamente y Alimentos (Invima) y del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) en el año 2002.

Con relación a lo anterior, Ati Quigua comentó “Es hora de que seamos reconocidos de cerca, a pesar de que llevamos siglos trabajando en la activación de los puntos sagrados del territorio que guardan las enseñanzas de nuestros antepasados sobre el cuidado de la semilla. Como ejercicio político, es fundamental restaurar la relación fundante de nuestra identidad con la madre tierra desde el Senado de la República”.
Del 19 al 21 de enero, Quigua se reunió en Costa Rica con una de las defensoras de la semilla nativa más reconocidas a nivel mundial –la eco activista india Vandana Shiva– para intercambiar conocimientos y experiencias alrededor del tema.
*Periodista independiente.


domingo, 11 de mayo de 2014

Muere Andrés Carrasco, científico que comprobó los daños del glifosato en los embriones.

Andrés Carrasco, científico y militante: gracias

10/05/2014 // Notastapa
Falleció Andrés Carrasco, el científico que confirmó los efectos devastadores del glifosato, acompañó con su investigación a los pueblos fumigados y cuestionó que la ciencia esté al servicio de las corporaciones.
Andres Carrasco
En una de sus visitas a nuestra Cátedra Autónoma de Comunicación Social, el científico Andrés Carrasco contó cómo decidió divulgar su investigación sobre los efectos letales del glifosato.: estaba en el sur, pescando, solo, disfrutando la belleza de esa postal natural, sabía que lo que había comprobado era esencial y sintió que el perfecto silencio que lo rodeaba era un grito inmenso. “Hacé algo”. Para hacerlo solo necesitaba encontrar “un periodista serio y decente”. Y llamó, desde ahí mismo, a Darío Aranda. Él es quien lo despide en estas líneas que eligió publicar en lavaca. Doble honor, que nos obliga y compromete aún más a seguir siendo dignos de ello y de ellos.
Por Darío Aranda.
“Soy investigador del Conicet y estudié el impacto del glifosato en embriones. Quisiera que vea el trabajo”.
Fue lo primero que se escuchó del otro lado del teléfono.
Era 2009 y aún estaba latente el conflicto por la Resolución N°125. Página12 había dado amplia cobertura a las consecuencias del modelo agropecuario y este periodista había escrito sobre los efectos las fumigaciones con agroquímicos.
El llamado generó desconfianza. No conocía al interlocutor. ¿Por qué me llamaba?
El científico avanzó en la presentación. “Mi nombre es Andrés Carrasco, fui presidente del Conicet y soy jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA. Le dejo mis datos”.
Nunca había escuchado su nombre. Nunca había escrito sobre científicos y el Conicet me sonaba como un sello.
Llamados al diario y preguntas a colegas. Todos confirmaron que era un científico reconocido, treinta años de carrera, con descubrimientos muy importantes en la década del 80 y trabajo constante en los 90, cuando se enfrentó al menemismo.
Hice la nota.
Su investigación fue la tapa del diario, (abril de 2009). La noticia: el glifosato, el químico pilar del modelo sojero, era devastador en embriones anfibios. Nada volvió a ser igual. Organizaciones sociales, campesinos, familias fumigadas y activistas tomaron el trabajo e Carrasco como una prueba de lo que vivían en el territorio.
“No descubrí nada nuevo. Digo lo mismo que las familias que son fumigadas, sólo que lo confirmé en un laboratorio”, solía decir él. Y comenzó a ser invitado a cuanto encuentro había. Desde universidades y congresos científicos, hasta encuentros de asambleas socioambientales y escuelas fumigadas. Intentaba ir a todos lados, restando tiempo al laboratorio y a su familia.
También ganó muchos enemigos. Los primeros que le salieron al cruce: las empresas de agroquímicos. Abogados de Casafe (reúne a las grandes corporaciones del agro) llegaron hasta su laboratorio en la Facultad de Medicina y lo patotearon. Comenzó a recibir llamadas anónimas amenazantes. Y también lo desacreditó el ministro de Ciencia, Lino Barañao. Lo hizo, nada menos, que en el programa de Héctor Huergo, jefe de Clarín Rural y lobbysta de las empresas.
Barañao desacreditó el trabajo y defendió al glifosato (y al modelo agropecuario). Y no dejó de hacerlo en cuanto micrófono se acercara. Incluso cuestionó el trabajo de Carrasco en encuentros de Aapresid (empresarios del agro) y, sobre todo, en el Conicet.
Carrasco no se callaba: “Creen que pueden ensuciar fácilmente treinta años de carrera. Son hipócritas, cipayos de las corporaciones, pero tienen miedo. Saben que no pueden tapar el sol con la mano. Hay pruebas científicas y, sobre todo, hay centenares de pueblos que son la prueba viva de la emergencia sanitaria”.
Los diarios Clarín y La Nación lanzaron una campaña en su contra. No podían permitir que un reconocido científico cuestionara el agronegocio. Llegaron a decir que la investigación no existía y que era una operación del gobierno para prohibir el glifosato, una represalia por la fallida 125. Carrasco se enojaba. “Si hay alguien que no quiere tocar el modelo sojero es el gobierno”, resumió café mediante en el microcentro porteño. Pero Carrasco era funcionario del gobierno: Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa. Le pidieron que bajase el tono de las críticas al glifosato y al modelo agropecuario. No lo hizo. Renunció.
 
Carrasco en la Mu de marzo 2014

El silencio no es salud

Empresas, funcionarios y científicos lo habían acusado de no publicar su trabajo de glifosato en una revista científica, sino en un diario. Se reía y retrucaba: “No existe razón de Estado ni intereses económicos de las corporaciones que justifiquen el silencio cuando se trata de la salud pública. Hay que dejarlo claro, cuando se tiene un dato que sólo le interesa a un círculo pequeño, se lo pueden guardar hasta tener ajustado hasta el más mínimo detalle y, luego, se lo canaliza por medios que sólo llegan a ese pequeño círculo. Pero cuando uno demuestra hechos que pueden tener impacto en la salud pública, es obligación darle una difusión urgente y masiva”.
Era calentón Carrasco. Se enojaba, discutía a muerte, pero luego tiraba algún comentario para distender.
Nos solíamos ver en un café antiguo cerca de Constitución. Él era habitué. Charlaba con las mozas y debatía de política con el dueño.
Café mediante, le pregunté por qué se metió en semejante baile. Ya era un científico reconocido en su ámbito y no necesitaba dar prueba de nada. Tenía mucho por perder en el mundo científico actual. Me explicó que lo había conmovido el sufrimiento de las Madres del Barrio Ituzaingó de Córdoba. Y que no podía permanecer indiferente. También lamentó que el Conicet estuviera al servicio de las corporaciones. Denunció acuerdos (incluso premios) entre Monsanto y Barrick Gold con el Conicet. Se indignaba. “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de multinacionales”, disparaba.

Ética

En 4 de mayo de 2009, el ministro Barañao envió un correo electrónico a Otilia Vainstok, coordinadora del Comité Nacional de Ética en la Ciencia y Tecnología (Cecte). En un hecho sin precedentes, Barañao aportaba bibliografía de Monsanto y pedía que evalúen a Carrasco. Nunca había pasado algo similar. La mayor autoridad de ciencia de Argentina pedía una evaluación ética por un investigar que había cuestionado al químico pilar del modelo agropecuario.
Barañao quería la cabeza de Carrasco.
Vainstok envió un correo electrónico el mismo lunes 4 de mayo,,con copia a los nueve integrantes del Comité de Ética. Decía así:
“Estimados colegas, esta tarde he recibido un pedido de que el Cecte considere las expresiones vertidas en artículos periodísticos por Andrés Carrasco con motivo de su investigación de los efectos del glifosato en embriones de anfibios. Adjunto también la bibliografía aportada por Lino Barañao, la entrevista a Carrasco y la entrevista al Ministro Barañao que sacó Clarín”.
El mail se filtró a la prensa. Y Carrasco se enteró de la operación de Barañao y Vainstok. El escándalo hubiera sido enorme. El Comité de Ética reculó y no juzgó a Carrasco, pero el camino estaba marcado.

Los de abajo

En agosto de 2010, en Chaco, estaba por dar una charla, pero empresarios arroceros y punteros políticos intentaron lincharlo. Había concurrido a una escuela de un barrio fumigado, y no pudo hablar. Lo sorprendió la violencia de los defensores del modelo.
Ese mismo agosto, la revista estadounidense Chemical Research in Toxicology (Investigación Química en Toxicología) publicó la investigación de Carrasco. Lo que había sido un pedido-chicana de sus detractores, no sirvió para calmar las críticas. Continuó la difamación de los defensores del agronegocios. Pero fue un triunfo para los pueblos fumigados, las Madres de Ituzaingó y las asambleas en lucha. Y Carrasco comenzó a tejer diálogos con otros investigadores, de bajo perfil. Sentía particularmente respeto y cariño por jóvenes investigadores de Universidad de Río Cuarto y de la Facultad de Ciencias Médica de Rosario. Solía mencionarlos en las charlas y los señalaba como el “futuro digno” de la ciencia argentina.

Otro veneno

Solíamos cruzarnos en encuentros contra el extractivismo. Y periódicamente nos enviábamos correos con información del modelo agropecuario, alguna nueva investigación, viajes suyos a Europa para contar sobre su investigación, el juicio de las Madres de Ituzaingó, la nueva soja aprobada por el gobierno, los nuevos químicos. Un día recibí uno de sus mensajesl. “Hay un nuevo veneno”, fue el asunto de un mail. Alertaba sobre el glufosinato de amonio y lo mencionaba como posible sucesor del glifosato: “El glufosinato en animales se ha revelado con efectos devastadores. En ratones produce convulsiones y muerte celular en el cerebro. Con claros efectos teratogénicos (malformaciones en embriones). Todos indicios de un serio compromiso del desarrollo normal”, precisaba. Y recordaba que la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) detalló en 2005 los peligros del químico para la salud y el ambiente. Destacó que desde 2011 el Ministerio de Agricultura había aprobado diez eventos transgénicos de maíz y soja de las empresas Bayer, Monsanto y Syngenta. Cinco de esas semillas fueron aprobados para utilizar glifosato y glufosinato.

¿Para qué y para quién investigan?

Otra tarde le envíe un correo electrónico contando de investigadores que confirmaron lo mismo que él, pero en sapos (muchas veces llaman los “canarios de la mina” porque pueden anunciar lo que le sucederá a humanos. Los investigadores tenían miedo a hablar, por las posibles represalias. De inmediato me llamó por teléfono. Fue tajante: “No quiero saber quiénes son. Sólo quiero que le preguntes para qué mierda investigan, si para criar sapos o para cuidar al pueblo que subsidia sus investigaciones. Preguntales eso por favor”. Y cortó.
Los investigadores nunca quisieron hablar y difundir masivamente sus trabajos.

Carrasco en Wikileaks

En marzo de 2011 se conoció que la embajada de Estados Unidos lo había investigado y había hecho lobby en favor de Monsanto. Documentos oficiales filtrados por Wikileaks confirmaban el hecho. “No esperaba algo así, aunque sabemos que estas corporaciones operan al más alto nivel, junto a ámbitos científicos que les realizan estudios a pedido, medios de comunicación que les lavan la imagen y sectores políticos que miran para otro lado. Estaban, y están, preocupados. Saben que no pueden esconder la realidad, los casos de cáncer y malformaciones se reiteran en todas las áreas con uso masivo de agrotóxicos”.

El otro Carrasco

En noviembre de 2013 le relaté que en Estación Camps (Entre Ríos) había entrevistado a una mujer que luchaba contra los agroquímicos. Era una trabajadora rural y ama de casa, muy humilde, que había enviudado. Su esposo era peón de campo, vivía rodeado de soja y fue fumigado periódicamente. Comenzó a enfermar, la piel se le desprendía y tuvo graves problemas respiratorios. Murió luego de una larga agonía. La mujer no tenía dudas de que habían sido los agroquímicos que llovían sobre la casa. Y los médicos tampoco tenía dudas, aunque se negaban a ponerlo por escrito. El nombre del trabajador rural víctima de los agroquímicos: Andrés Carrasco.
La viuda había escuchado en la radio sobre el científico homónimo de su marido y el glifosato. Y, entre llantos, contó que le daba fuerzas saber que alguien con el mismo nombre que su esposo estaba luchando contra los químicos que le arrebataron al padre a sus hijos.
Le conté la historia por teléfono. El Carrasco científico se conmovió, no podía seguir hablando. Y confesó que solía arrepentirse de no haber investigado antes sobre el glifosato.

La última maniobra

A fin del año pasado me llamó para contarme la última maniobra del Conicet. Había solicitado la promoción a investigador superior y le fue negada. La cuestión iba mucho más allá de la promoción. Lo enojaba el ninguneo de los científicos empresarios y obedientes del poder. Lo habían evaluado dos personas que no conocían nada de su especialidad y otro que es parte de las empresas del agronegocios. Me envió su carta de reclamo al Conicet y relató en detalla la reunión con el Presidente de la Institución. Estaba seguro que era un nuevo pase de factura por lo que comenzó en 2009.
Y le dolía el silencio de académicos que respetaba, incluso de amigos de antaño de las ciencias sociales que le daban la espalda.
Le propuse un artículo periodístico e intentar publicarlo en Página12. Le tenía aprecio al diario, a pesar de que hacía tiempo habían dejado de darle espacio. Le avisé que pondría su versión de los hechos y la del Conicet y de Barañao. Me retruco rápido: “Te van a sacar cagando”.
Lo propuse al diario. Lo rechazaron sin la más mínima explicación. Cuando le avisé la negativa, ni se inmutó. Dijo que era previsible. “En estos años tuve un curso acelerado de lo que son los medios de comunicación”, resumió. Le respondí que estos años había aprendido que el Conicet no era para nada impoluto y que había demasiadas miserias en el mundo científico.
Reímos juntos.
Y me chicaneaba y recordaba que ahora éramos colegas. Tenía un programa en FM La Tribu donde nadie lo censuraba y daba gran protagonismo a las asambleas y organizaciones en lucha contra el extractivismo. El nombre del programa era todo un mensaje a sus enemigos: “Silencio cómplice”.
Quedamos en juntarnos a comer un asado y publicar la nota en medios amigos (la publicó lavaca en su periódico MU en marzo pasado).
Intenté para esa nota hablar con “la otra parte”. Barañao dijo que no tenía nada de qué hablar, desechó cualquier pregunta. El presidente del Conicet, Roberto Salvarezza, adujo problemas de agenda.

La última entrevista

Viajó a México al Tribunal Permanente de los Pueblos (tribunal ético internacional, de carácter no gubernamental que evalúa la violación de derechos humanos). Volvió a México en enero. Se descompuso y fue trasladado de urgencia. Lo operaron en Buenos Aires y tuvo largas semanas internado, débil. Cuando le dieron el alta, llamó a casa. “Zafé”, fue la primera palabra. Y de inmediato preguntó: “¿Qué sabés del bloqueo en Malvinas Argentinas (Córdoba, donde se frenó la instalación de una planta de Monsanto)? ¿La tiene difícil Monsanto?” Él había estado en setiembre de 2013 cuando comenzó el bloqueo. Me explicó que tenía para varias semanas de recuperación, pero cuando estuviera mejor quería que vayamos a Córdoba, a Malvinas Argentinas y también a visitar a las Madres de Ituzaingó. Lo dejamos como plan a futuro.
Hablamos sobre su situación en el Conicet. Le dolía la indiferencia de compañeros del mundo académico, sobre todo de las ciencias sociales. Le pregunté por qué no recurrir a las organizaciones sociales. Se opuso. Argumentó que ya demasiado tenían en sus luchas territoriales como para preocuparse por él. Se ofreció para una entrevista. La hicimos. Algunas citas:
  • “Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo”.
  • “El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones”.
  • “(Sobre la ciencia oficial) Habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron?”
  • “Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.
Sabía que la entrevista sería para un medio amigo, “no masivo”. Estaba contento, recuperando fuerzas, no iba a dar el brazo a torcer ante Barañao, Salvarezza, el establishment científico y las corporaciones del agro.
El 27 de marzo concurrió a Los Toldos, a una audiencia pública sobre agroquímicos. Estaba débil, pero no quiso faltar. Sucedió lo mismo en la Facultad de Medicina, en la Cátedra de Soberanía Alimentaria (el 7 de abril), donde habló de los alimentos transgénicos y los agroquímicos. No estaba bien, andaba dolorido, pero no quiso faltar. Entendía esos espacios como lugares de lucha, donde debía explicar los efectos de los agroquímicos. Solía decir que se lo debía a las víctimas del modelo.
Al fines de abril avisó por correo electrónico que lo habían vuelto a internar. Esperaba que sea algo rápido. Quería volver a su casa, recuperarse y hacer el viaje pendiente a Córdoba, al acampe contra Monsanto.

Su legado

Fui testigo de sus últimos seis años. Tiempo en el que decidió alejarse del establishment científico que vive encerrado en laboratorios y sólo preocupado por publicaciones que sólo leen ellos.Se transformó en un referente hereje de la ciencia argentina. No tendrá despedidas en grandes medios, no habrá palabras de ocasión de funcionarios ni habrá actos de homenaje en instituciones académicas.
Andrés Carrasco optó por otro camino: cuestionar un modelo de corporaciones y gobiernos y decidió caminar junto a campesinos, madres fumigadas, pueblos en lucha. No había asamblea en donde no se lo nombrara.
No existe papers, revista científica ni congreso académico que habilite a entrar donde él ingresó, a fuerza de compromiso con el pueblo: Andrés Carrasco ya tiene un lugar en la historia viva de los que luchan.
Nos queda, entonces, saldar con él una enorme deuda: la de decirle gracias.
Nos vemos en la lucha.

Última entrevista

Ciencia transgénica

El científico que confirmó los efectos perjudiciales del glifosato denuncia al Conicet y al Ministerio de Ciencia. Afirma una saga de hostigamientos por denunciar el modelo agropecuario. El rol de los científicos, funcionarios y corporaciones.
Por Darío Aranda
Publicada en el periódico CTA de mayo.
El embriólogo molecular Andrés Carrasco marcó un quiebre en la discusión sobre el modelo agrario argentino. Con un largo recorrido en el ámbito científico, Carrasco confirmó en 2009 los efectos del glifosato (agroquímico pilar del modelo sojero) en embriones anfibios. Y ya nada volvió a ser igual. Los cientos de pueblos fumigados y organizaciones sociales tuvieron una prueba más para sus denuncias. Para Carrasco también fue un punto de quiebre. Comenzó a recorrer el país (desde universidad hasta escuelas, desde congresos científicos hasta clubes de barrio) dando cuenta de su estudio. Y comenzó a ser mala palabra en el mundo científico ligado al agronegocios. La última estocada provino del Conicet (el mayor ámbito de ciencia de Argentina): Carrasco denunció por persecución ideológica al presidente del organismo, Roberto Salvarezza, y al ministro de Ciencia, Lino Barañao.
El ministro Barañao había realizado en 2009 un inusual pedido de revisión “ética” al Conicet respecto al accionar de Carrasco. Sobrevino una censura en la Feria del Libro de 2010, difamaciones públicas y, el último hecho, la negación de la promoción con un dictamen que Carrasco evalúa como “plagado de irregularidades” y con evaluadores insólitos: una especialista en filosofía budista y un reconocido científico ligado a las empresas del agronegocios.
Ciencia, investigadores, corporaciones y gobiernos.
-¿Qué sucedió en el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)?
-Soy investigador principal y me presenté a investigador superior, que es la máxima categoría de un investigador. Es un concurso donde uno presenta todos los antecedentes de la carrera científica. El Conicet lo somete a una comisión especial, formada por un grupo de personas. Una parte, dos o tres, son miembros informantes, que revisan antecedentes del candidato. Luego lo informan al resto de la comisión en un dictamen, que la comisión aprueba o desaprueba.
-¿Qué implica la promoción?
-Implica fundamentalmente el reconocimiento o una carrera en la que uno viene escalando posiciones. Se analiza todos los méritos y trayectoria del candidato. También implica una mejora salarial, pero fundamentalmente un reconocimiento a la carrera.
-¿Por qué rechazan su promoción?
-Apelan a una serie de argucias retoricas. Hicieron una evaluación cuantitativa y no cualitativa. Y alguna de las contribuciones más importantes mías sólo las describen, no las evalúan, no presentan argumentos serios de la contribución del trabajo, sólo miden cuantitativamente. Dicen que no es suficiente, deducen que en mi caso no tengo experiencia internacional suficiente. Además de decir que hubo interrupciones en mi tarea porque desempeñé tareas de gestión (dos años presidente de, justamente, el Conicet y otro tanto Secretario de Ciencia en el Ministerio de Defensa). Es insólito porque reconocen que estuve en cargos de gestión y por otro lado dicen que durante esos años no hubo producción, pero saben que tuve licencia sin goce de sueldo con cargo de mayor jerarquía.
-¿Qué es lo que no evaluaron?
-No evalúan seriamente nada. Dicen que fui primer autor o segundo autor (en las investigaciones firmados por grupos de trabajo, con varios autores), pero ni siquiera dicen qué es lo que se investigó. En la década del 80 realizamos una serie de publicaciones que fueron muy relevantes en el mundo científico. No hacen mención y se limitan a decir si firmé primero, segundo o tercero. Y no hay ninguna valoración sobre todo el resto, ni se refieren a los temas sobre lo que uno trabajó durante años. Hay mucha producción científica que que no fue valorada. Del dictamen se evidencia que no hubo valoración cualitativa, no pusieron en relevancia los impactos de las investigaciones, no señalan si fue novedoso y si contribuyó en la disciplina.
-¿Esa forma de evaluación es regla de la ciencia o es particular de este caso?
-Lo que corresponde que se haga es un análisis real del contenido de la carrera científica, no medirlo en términos de números. No se trata de ver cuántos papeles tenemos acumulados, usar una balanza y ver cuántos kilos pesa la producción científica de uno. Así evalúan hoy.
-¿Usted apunta a quiénes lo evaluaron?
-El dictamen es lavado, sin argumentación, y tiene relación con los evaluadores. Una profesora de filosofía hindú (Carmen Dragonetti), que debe ser muy buena en lo suyo pero que no sabe nada de embriología. Un experto en zoología (Demetrio Boltoskoy) que no conoce de embriología. Y uno de los evaluadores que está relacionado íntimamente con la industria transgénica y la promoción del agronegocios (Néstor Carrillo). Hay conflictos de intereses y, por otro lado, no hay consistencia con el tema que los ocupa. Debieran haberse excusado y no lo hicieron.
Carrillo ha tenido manifestaciones públicas contrarias a las críticas al agronegocios, está vinculado científicamente a empresas como Monsanto a través de Bioceres, es un convencido de la tecnología transgénica, que mantiene estrechos contactos con Federico Trucco (CEO de Indear y consecuente descalificador de la idoneidad científica de Carrasco) y con Aapresid (empresarios del agronegocios).
-¿Es común que evalúen informantes que no manejan el tema?
-Tienen que tener una idea qué se está evaluando, debiera ser gente que conozca la disciplina.
-¿Evalúan su trabajo sobre glifosato?
-Apenas lo mencionan. Dan cuenta del número de menciones internacionales pero ponen mucho menos de las que tuvo. Y hacen como que no tuvo impacto. Miden el impacto con un número erróneo y no discuten el contenido del trabajo. Mal que les pese, el trabajo sobre glifosato tuvo impacto en muchos lugares del mundo y lo debieron considerar.
-¿Qué le dijo el Presidente del Conicet?
-La respuesta fue que él no sabia lo que había pasado.
-¿Pero él lo firmó?
-Sí. Claro.
-¿Y no sabía?
-Él dice eso. Que no sabía. Quizá firma cosas que no conoce… la decisión de darle la promoción o no se discute en reunión de directorio… todo el directorio sabía. Desligó su responsabilidad y minimizó, no negó, lo que plantee sobre la evaluación teñida de conflictos de intereses y animosidad manifiesta.
-¿Habrá una nueva evaluación?
-No lo sé. Lo solicité por escrito el año pasado y aún no me respondieron.
-¿Por qué hace público este hecho?
-Porque siempre he sido partícipe que los actos de Estado que benefician o perjudican a personas deben ser públicos. Y segundo porque desde 2009 han pasado cinco años y el Conicet ha tenido momentos de hostigamiento hacia mí. Corresponde denunciar esa saga, me parece que es importante hacerlo público. Se suele acostumbrar mucho a no discutir por temor a los palazos, pero hay que discutir aunque la institución sea injusta. Mucha gente fue solidaria conmigo, piensa que lo que uno hizo tuvo importancia para ellos, tienen derecho a saber que hay instituciones del Estado que privilegian la arbitrariedad para sostener discursos, para que el relato no se fisure.

Glifosato

-¿Interpreta como un pase factura por el trabajo sobre glifosato?
-Sin dudas que es un pase de factura por el glifosato. Hay que recordar que el Conicet no fue neutral en ese momento.
-¿Por qué?
-Cuando di a conocer las consecuencias del glifosato, desde el Conicet armaron una comisión para contestar lo que yo había dicho. También me prohibieron la asistencia a una Feria del Libro para hablar del tema. Y el ministro Lino Barañao pidió una comisión de ética para juzgarme. Todo lo menciono en mi apelación al Conicet.
-¿Negarle la promoción es un mensaje para otros científicos?
-No creo que sea desconocido por el sector científico, donde hay pocos que están dispuestos a hablar claramente de estas cosas.
-¿Por qué?
-Por estas señales disciplinadoras. Hay una situación con gente que dicen “con esto no me meto porque viene la represalia, pierdo el subsidio, pierdo el becario”. Pero creo que no hay que tener miedo a las posible represalias. Si uno toma una decisión científica en su carrera que va contra la institución o si no quiere participar de la linea de la institución, debe tener lugar. La institución debe ser amplia, para todos, para los que quieren hacerse empresarios científicos y quienes solo somos investigadores.
-¿Qué responsabilidad le cabe al Presidente del Conicet y al ministro Barañao?
-Al Presidente (Roberto Salvarezza) le cabe toda la responsabilidad de haber firmado la resolución que niega mi promoción. Ni siquiera echó una mirada sobre cómo fue el procedimiento. Él sabe que al firmar convalidó la injusticia. Y Barañao… es sabida su animosidad manifiesta para conmigo. Hay una bajada de línea, sus hechos y dichos públicos haciendo juicio de valor sobre la investigación del glifosato. Tanto en medios públicos, televisión, radio incluso en charlas publicadas, hubo una reunión pública de Aapresid en Rosario donde habló de manera despectiva de mi trabajo. Si un ministro hace juicio de valor sobre la actividad científica de un investigador, el Ministro me atacó personalmente a mí y mi grupo por nuestro trabajo.
-¿Por qué?
-Lo hizo en un reunión de Aapresid. Dijo “el problema Carraco se termina dentro de una semana”. Porque iba a salir un informe del Conicet sobre glifosato y finalmente no lo pudieron hacer público porque era impublicable. Cuando un ministro dice ese tipo de cosas, siempre hay discípulos dispuestos a hacerle caso al ministro. Y si le cae en la mano una evaluación harán lo posible para dejar contento al ministro. Prácticas de revanchas, venganzas, pequeñeces, son comunes en el Conicet.
-Para muchas organizaciones que luchan en el territorio fue un punto de inflexión su trabajo de 2009. Es extraño que un científico que se involucre en luchas actuales.
-Creo que la investigación de 2009 contribuyó a dar impulso a muchos grupos de colegas que trabajan de manera similar. Y siempre me sentí muy acompañado por la sociedad civil. Me resulta difícil medir el impacto en la gente, pero sí coincido que no es común que un científico salga de la mera investigación de laboratorio para preocuparse y ocuparse por algo que sucede en los territorios. Sirvió para sumarse a una discusión actual, que afecta a la población, y contribuir a una discusión de ese tipo, creo que es lo que todo científico pretende. Y creo que también ha servido para mostrar limitaciones y defectos de la ciencia actual. He visto que muchos colegas legitiman a partir de la mentira. Los mejores científicos no siempre son los más honestos ciudadanos, dejan de hacer ciencia, silencian la verdad para escalar posiciones en un modelo con consecuencias serias para el pueblo.

Conicet

-Para los ajenos al mundo científico el Conicet pareciera un sello impoluto, de excelencia. Y al mismo tiempo legitimador de discursos sociales, políticos, periodísticos. Usted fue presidente del Conicet. ¿Cómo funciona?
-El Conicet no es para nada impoluto. Estuve dos años al frente del directorio. Tenía muchísimos problemas de estos todo el tiempo, que teníamos que corregir. Yo mismo he tenido casos en los que tuve que rechazar dictámenes injustos y hasta intervine la junta de calificaciones. El Conicet está marcado por la situación política del momento, seriamente cruzado por internas políticas y las legitimaciones del momento. La institución no garantiza los derechos a ser evaluados de manera correcta y el mayor grado de objetividad posible. No debería nunca estar Néstor Carrillo evaluando mi trabajo, lo pusieron a propósito.
-¿Qué rol juegan las empresas?
-El Conicet tiene representantes de las provincias, de la ciencia, de universidades y de la industria y del agro, como dos grandes sectores económicos. Estos últimos son representes propuestos por las corporaciones.
-¿Cómo repercute el rol del sector privado?
-El Conicet está absolutamente consustanciado en legitimar todas las tecnologías propuestas por corporaciones, modelos de hacer ciencia que implica un profundo y progresiva asociación con la industria. Ellos promueven un modelo de investigadores al servicio de empresas, de patentes, de formación científica con transferencia al sector privado. Ha llegado a tanto esa vinculación que el Conicet ha inventado un sistema de evaluación distinto para los investigadores que trabajan con las empresas.
-¿Cómo una evaluación distinta?
-Un sistema que implica que el investigador puede trabajar para una empresa y no es evaluado mientras participa de proyectos de empresas, pero siempre como investigador del Conicet. Si decide dejar la empresa, vuelve a ser evaluado como todos nosotros. Todo investigador debe publicar, enviar sus trabajos a revistas, poner en discusión sus trabajos. Los investigadores del Conicet que trabajan para empresas no está sometidos a estas evaluaciones. En esos casos el Conicet funciona como proveedor de recursos humanos de las empresas.
-Si usted hubiera investigado en favor de empresas del agro…
-De seguro el Conicet me daba todas las promociones que pedía. Muchos de los promovidos por el Conicet están encolumnados con esta lógica institucional de privatizar la producción de conocimiento científico. Ese tipo de investigadores está prestigiado por el Conicet. Y se mira mal a quien no se encolumna en esa forma de entender la ciencia. Y mucho peor si se los confronta. El Conicet alienta o cuestiona a investigadores según qué investigue. Si cuestionás el modelo te puede negar subsidios, te saca becarios, te evalúa de manera arbitraria.
-¿Cómo se puede comprobar la vinculación del Conicet con el mundo empresario del agronegocios?
-Es pública la vinculación. Se promueven investigaciones de transgénicos con total financiamiento público del Conicet, se financia a la empresa Bioceres, donde está Gustavo Grobocopatel. Se financió el polo tecnológico de transgénicos en Rosario para desarrollo de semillas, trabajan junto a Aapresid (empresarios que introdujeron los transgénicos en asociación con las multinacionales del sector). El Conicet lleva adelante una política en favor de una determinada tendencia tecnológica y además participa de los negocios que surgen de esa confluencia con el agronegocios. No lo esconden. Están orgullosos del modelo de ciencia que hacen.
-El discurso, no sólo del Gobierno, es que se ha invertido mucho en ciencia y técnica en estos años.
-Es cierto. Pero habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron? Hay un claro vuelco de la ciencia para el sector privado y el Conicet promueve esa lógica. En lo 90 estaba mal visto. Muchos hicieron la vida imposible al menemismo para que esto no pasara y hoy aplauden de pie que la ciencia argentina sea proveedora de las corporaciones.

Decí Mu con Andrés Carrasco: ¿La felicidad puede ser un tema político? Pistas para bajarse de la globalización

¿Qué son el progreso y la globalización? ¿Cómo actúa la ciencia frente a los problemas del presente? ¿De qué modo la felicidad puede ser un concepto político, y no una mala palabra para académicos y economistas? El científico Andrés Carrasco investigó los efectos de los agrotóxicos en la salud, como director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA, con lo cual no ha sumado amigos entre los poderes corporativos y políticos. En qué consiste el pensamiento crítico más allá de las “disneylandias” científicas y de consumo. El estado de ánimo y la dignidad de las personas como elementos para crear otras políticas. Y qué es bajarse de la globalización.

Paz en la tumba de Andrés Carrasco, quien nos acompañó en Colombia el año pasado en la reunión de la RALLT