Suspendida provisionalmente ley monsanto en Guatemala

¡Qué la deroguen!

Dice el Popol Vuh: “Hubo consenso y se decidió que viniera el maíz morado, el maíz amarillo, el maíz rojo y el maíz blanco, y de esto se hicieron nuestros huesos, nuestra sangre, nuestra carne”. Para un país como el nuestro, el maíz no es solamente un producto de consumo, representa un elemento central en la vida de las comunidades campesinas e indígenas, base de su soberanía y seguridad alimentaria. Todos los días en Guatemala se da un intercambio libre de semillas nativas y ancestrales, las familias siembran, cultivan, se alimentan y comercializan los granos, que representan su base alimentaria. Alrededor del maíz se construye un entramado de relaciones sociales, culturales y económicas que les caracteriza como pueblos.


Las compañías transnacionales buscan desmantelar esta producción independiente de alimentos, para convertirse en proveedores únicos de los mismos. Para lograrlo promueven en todos los países la creación de leyes que fomentan el cultivo y la comercialización de semillas de laboratorios (híbridos y transgénicos) que inevitablemente contaminan las miles de variedades de semillas nativas, que automáticamente pasarán a pertenecerles. En síntesis, el fin último es la mercantilización absoluta de las semillas, a través de regímenes de propiedad intelectual, registros y certificaciones que terminarán despojándonos de la variedad de semillas nativas y provocando una crisis alimentaria sin precedentes.
Por eso el martes 26 de agosto se realizó una masiva manifestación de rechazo contra la aprobación que hizo el Congreso —mientras se desarrollaba el Mundial de Futbol— de la Ley de protección de obtenciones vegetales, mejor conocida como Ley Monsanto, en referencia a la multinacional de agrobiotecnología más grande del mundo.
 Monsanto produce los denominados “paquetes tecnológicos” que no son otra cosa que semillas transgénicas genéticamente adaptadas a los agrotóxicos que la misma compañía produce y vende. Estas semillas crean un sistema de dependencia al mezclarse con las semillas nativas, provocando que los campesinos y agricultores tengan que comprarlas a la multinacional.
 Unos días más tarde, en respuesta a una acción de inconstitucionalidad general total  planteada por el Movimiento Sindical, Indígena y Campesino Guatemalteco (MSICG) ante la Corte de Constitucionalidad, esta resolvió suspender provisionalmente los artículos 46 y 55 de la ley (los únicos dos que han entrado en vigencia), señalando que existe inconstitucionalidad evidente y que se ocasionarán graves impactos para el país y la población. Esto abre el camino para que el Congreso dé marcha atrás y derogue completamente la ley.
Si es que les queda un poco de decencia y dignidad, los diputados deberían retroceder y defendernos del embate de las multinacionales. No hacerlo significa supeditar la independencia alimentaria, económica y política del país a sus designios. Pero visto lo visto, es poco probable que el Congreso retroceda, tendríamos que juntar millones de quetzales para convencerlos; por eso  el MSICG prepara ya otra acción de inconstitucionalidad para cuando entren en vigencia la totalidad de los artículos.
Fuente: http://www.prensalibre.com/opinion/Que-la-deroguen_0_1204079804.html

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