Entrevista a Marie-Monique Robín. La Soya Transgénica Lleva al Hambre

Gobierno y Clarín mienten juntos, afirma Marie-Monique Robin autora de “El mundo según Monsanto”.
Por Mariana Santarelli
BWN, 18 de mayo, 2015
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Reconocida por sus investigaciones sobre el accionar de las multinacionales agrícolas, la periodista francesa asegura que “En el mundo hay 1000 millones de personas que sufren hambre por causa de este modelo”. Marie-Monique Robin afirma que el glifosato será prohibido. “¿Pero después de cuántos muertos y cuánta contaminación?”

Marie-Monique Robin es autora de numerosas investigaciones. Quizás, la más famosa de ellas sea El mundo según Monsanto, publicada en 2008 como libro y documental cinematográfico, traducida a 16 idiomas y difundida hasta en las regiones más recónditas de África.

En ese trabajo, la periodista francesa reveló los entretelones del agronegocio y por supuesto, denunció a la corporación Monsanto: líder del mercado mundial de semillas transgénicas y agroquímicos.

La denuncia fue por ocultamiento y falsificación de información relativa a los productos que comercializa Monsanto.

Robin dedicó un capítulo entero al caso Argentina, lo que la llevó a conocer diferentes provincias contaminadas por el llamado “oro verde” que son constantemente fumigadas.

Estuvo en Córdoba junto a Sofía Gatica respaldando el acampe que impide la construcción de la mayor planta transgénica a nivel mundial de la corporación genocida Monsanto.
“Estoy segura que dentro de algunos años prohibirán el glifosato, ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria”, afirmó la escritora que recientemente publicó una nueva investigación sobre esta problemática: “Nuestro Veneno Cotidiano”, donde se ocupa de los químicos que contaminan la cadena alimentaria.

Entrevista

– ¿Cuándo y cómo comenzó su interés por este tema?
Trabajo como periodista hace más de 25 años con un interés legitimo por la cuestión agrícola, mis padres son agricultores en Francia. De esta manera empecé a trabajar en una investigación sobre la perdida de biodiversidad en el mundo. Cuando viajé a México descubrí un hecho alarmante: Las multinacionales estaban patentando semillas. Entre las corporaciones que patentaban semillas se hallaba Monsanto que incluso en aquel momento ya tenía más de 600 patentes sobre vegetales. Debido a esto comencé a a investigar a Monsanto y examinar el asunto de las patentes, que para mí es central. La única razón por la cual Monsanto produce transgénicos es porque existen las patentes que le permiten pedir regalías y tener un monopolio del sistema. Controla toda la cadena alimentaria a través de este sistema, obligando a los agricultores a comprar cada año sus semillas.

– Monsanto es una de las empresas más poderosas del mundo. ¿Recibió presiones o amenazas por “El Mundo Según Monsanto?
Estaba preocupada por eso, hasta que sucedió algo que me protegió muchísimo: El increíble impacto del material publicado. Si no me pasó nada es porque todas las denuncias están plenamente justificadas y respaldadas con entrevistas y documentación. Cuando el documental fue publicado yo estaba en Canadá y una de las periodistas que me entrevistó me dijo que su mejor amiga era la directora de comunicación de Monsanto Canadá. “La empresa escarbó en cada página del libro buscando alguna justificación para incriminarte y tomar acciones legales, pero no encontró nada”, me confesó. Por eso yo digo abiertamente que Monsanto es una empresa criminal.

– ¿Como sostiene usted esta denuncia?
Cuando una empresa sabe de antemano que un producto es altamente tóxico, es decir, que va a contaminar el medio ambiente o va a enfermar seres humanos, e igualmente hace lo posible para mantener ese producto en el mercado, entonces está incurriendo en un comportamiento criminal. Por ejemplo, en el tema del Policloruro de Bifenilo (PCB), prohibido en casi todo el mundo, Monsanto se encargó de acumular las pruebas para esconderlas, sabiendo cuán altamente tóxicos eran los PCB. Por eso fue condenada a pagar 700 millones de dólares de multa al gobierno de Estados Unidos. (Dato: Fue conocido como la tragedia de Anniston, en 2002, cuando la justicia comprobó que de 3516 demandantes de ese pueblo, el 15% presentaba niveles superiores a 20ppm de PCB en sangre, cuando el “limite aceptable” es de 2ppm).

– Este tema también es abordado en su nuevo libro, Nuestro veneno Cotidiano.
Claro. Allí cuento la historia de campesinos que se unieron formando una asociación de más de 200 miembros. Muchos tienen enfermedades como Parkinson y cáncer. Son agricultores que manipulan tóxicos a diario. Por ejemplo, el presidente de esta asociación trabajó con Lasso, un herbicida de Monsanto para el maíz transgénico de la misma corporación que fue prohibido por la Unión Europea. El campesino sufrió una intoxicación aguda, cayó en coma y, después de recuperarse, se enfermó de Parkinson. La enfermedad se desarrolló muy rápidamente, y el hombre sólo tiene 48 años. A continuación inició un juicio y ganó. La corporación Monsanto fue reconocida como culpable de la enfermedad y se pudo demostrar que la empresa disimuló estudios y datos sobre el Lasso. Por eso hablo de comportamiento criminal: si no supieran que sus productos son tóxicos y contaminan, sería diferente, pero Monsanto lo sabe y lo oculta concientemente lo cual es terrible.

– ¿Por qué los controles a este tipo de corporaciones son insuficientes?
El problema central es el sistema de reglamentación sobre productos tóxicos. Las corporaciones como Monsanto alegan que sus productos fueron probados, son seguros y reglamentados. Todo esto es mentira: Por ejemplo, los estudios que utiliza el gobierno argentino para aprobar estos productos son confeccionados, entregados y pagados por las propias corporaciones multinacionales. En general, los expertos de las agencias de reglamentación, que se supone deberían estudiar los datos, tienen conflictos de interés muy grandes, porque están trabando con las multinacionales. Es un fenómeno que yo llamo “puertas giratorias”: funcionarios estatales que trabajan en organismos de control y luego lo hacen en las corporaciones, o al revés. Asimismo, es un problema fundamental en la reglamentación de los agroquímicos la falta de transparencia y democracia. Los presuntos expertos se reúnen a puertas cerradas y sin ningún observador autorizado para asistir a los debates. Los datos que “van a estudiar” son protegidos bajo la excusa de “secreto comercial”. Esto algo increíble, porque estamos hablando de información toxicológica que debería ser pública dado que afecta a millones de personas.

– En ese contexto, ¿existe independencia científica para evaluar los agroquímicos?
Es muy difícil. Los científicos sufren mucha presión y a menudo pierden su empleo. Sé lo que pasó en la Argentina con el doctor Carrasco. Es siempre la misma historia. En mi último libro dedico tres capítulos a la llamada “fábrica de la duda”. ¿Qué implica? Si, por ejemplo, un científico independiente publica un estudio demostrando la relación entre una exposición a un plaguicida y una enfermedad, la multinacional inmediatamente pagará a un laboratorio para que publique otro estudio diciendo exactamente lo contrario. Finalmente, los dos estudios llegarán a la agencia de reglamentación y mientras se analizan durante años, el producto seguirá siendo comercializado y utilizando. Es algo perverso y criminal, porque estamos hablando de productos inductores directos de cáncer.

– Algunos empresarios proclaman que los transgénicos son indispensables por el crecimiento demográfico.
Es mentira. Si en el mundo hay 1000 millones de personas que sufren hambre, es justamente por culpa de este modelo que concentra la tierra, como puede observarse claramente en la Argentina donde miles de hectáreas están en manos de unos pocos grandes productores. Por otro lado, este sistema de producción de alto rendimiento es, en un 90%, para alimentar animales de países industriales y no para alimentar a la gente. He viajado por todo el mundo y, sin importar donde, este modelo agrícola destruyó a los pueblos. Porque elimina a los pequeños agricultores del país despojándolos de la tierra. Con estas practicas están hambreando al mundo.

– ¿Y cuál considera usted que podría ser la alternativa?
Tenemos que volver a una agricultura familiar, sin dependencia del petróleo, con biodiversidad de cultivos. Un sistema que dé la posibilidad a las familias de alimentarse primero y luego vender en los mercados locales. Sacar la agricultura de los grandes mercados internacionales. (Dato: Esto sucede y funciona en Rusia, un país con bajos indices de cáncer)

– ¿Que la impactó más cuando visitó la Argentina?
Estuve en el año 2005 y recorrí Santiago del Estero, La Pampa, Formosa, y otros lugares. En Santiago estaban talando bosques de manera brutal, un desmonte que provocó inundaciones en Santa Fe. También vimos graves problemas sanitarios: fuimos a escuelas donde los chicos habían enfermado porque fumigaban frente al establecimiento. Un desastre. Pero lo que más me sorprendió fue la ignorancia sobre Monsanto y los transgénicos. Nadie sabía nada. Nadie sabía qué era un transgénico. Nadie se da cuenta que la sojización es un desastre planificado porque cuando no haya más mercado para la soja transgénica, no podrán recuperar los suelos, ¿cómo recuperás a las familias de agricultores que perdieron sus tierras? La soja lleva a la Argentina al hambre y a la dependencia total.

– Muchos defensores del glifosato dicen que es tan inofensivo como tomar mate. ¿Qué les diría?
Que si dicen eso, están haciendo propaganda de Monsanto. Se sabe que el glifosato es un perturbador endócrino, ataca el sistema de reproducción de las mujeres y los hombres. Produce cáncer, los científicos lo explican. Es un veneno muy poderoso. En Europa acaba de salir una queja contra Monsanto para revisar la autorización del glifosato Round-Up, porque se escondieron algunos productos muy tóxicos que están dentro del formulado y que nunca fueron informados ni publicados. Estoy segura de que dentro de algunos años el glifosato va a ser prohibido. ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria. (Dato la entrevista es anterior al rechazo total Europeo contra Monsanto, donde prohibieron las actividades criminales de esta corporación. Exceptuando España, Portugal y República Checa.)

Fin entrevista

El desembarco de Monsanto en Argentina y sus cómplices
De granero del mundo a basurero tóxico transgénico planetario.

La soja transgénica ingresó a la Argentina en 1996, de la mano del por entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, un gobierno del cual formó parte activa el actual candidato kirchnerista a la Presidencia Daniel Scioli. Argentina fue el segundo país, después de los Estados Unidos, en autorizar su llegada, en un proceso plagado de irregularidades. Más tarde durante los gobiernos de Nestor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, que también acompañaron a Menem, Monsanto recibió nuevos impulsos y más aprobación del gobierno.

Frase de “El Mundo Según Monsanto”: “Si existe un país en el que la multinacional haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina”

El Gobierno K, Clarín, La Nación y el glifosato

El 6 de marzo del año pasado, en un artículo titulado “Por qué Clarín y La Nación apoyan el uso de glifosato”, el diario oficialista Tiempo Argentino puso en evidencia algunos vínculos comerciales que existen entre los dos diarios y Monsanto. Pero por supuesto sin mencionar que Cristina Fernández de Kirchner es en realidad la mayor responsable y amiga de Monsanto, dado que con mayoría en el congreso y el Senado puede articular las leyes y reglamentaciones necesarias para expulsar a Monsanto del país. Como lo hizo Alemania, Italia, Francia, y tantas otras naciones.Y por lo tanto, en algunas cosas Clarín, La Nación y el gobierno “no son tan diferentes”.

Mariana Santarelli
BWN Argentina

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