La Paz y no las políticas del gobierno son responsables del mejor desempeño económico

Por: Alejandro Reyes Posada

http://www.elespectador.com/opinion/es-la-paz-estupido-columna-707688

Es la paz, estúpido

Mucha gente se pregunta por qué está creciendo la agricultura y hasta hay quien cobra los méritos como propios. La verdad es más simple. Los campesinos de muchas regiones sacaron la plata que habían escondido bajo el colchón durante la guerra y se pusieron a sembrar, porque sienten que llegó la paz a sus veredas. La paz les restableció su confianza inversionista, que no es otra cosa que la esperanza de que su cosecha no termine en las manos del extorsionista de turno, y por eso comienza a crecer un entusiasmo productivo para arreglar su casa, comprar maquinaria y animales de cría y ampliar los cultivos.
La agricultura campesina alimentaba a Colombia con el 70 % de la canasta básica hasta que la guerra los desplazó y arruinó, y sus territorios quedaron convertidos en pastizales y palma de aceite, hasta reducir su participación al 30 % de la canasta alimenticia nacional. Ahora viene la restitución de las fincas despojadas y el crecimiento productivo de quienes resistieron, que ahora pueden invertir sus ahorros como capital productivo, cuyas ganancias mejoran la calidad de vida de la familia. Ningún otro sector de la economía tiene mayor potencial de crecimiento que la producción campesina de alimentos, que dispone de un mercado seguro para recuperar, reemplazando importaciones, y aun para exportar.
Hay una relación directa entre la oferta de alimentos campesinos y el costo de vida de los pobres urbanos, que traslada los beneficios de la paz a las ciudades por la mayor oferta y el menor precio de los alimentos, que son el mayor rubro de gasto de quienes viven con ingresos mínimos. Esa mayor oferta le permite al país mantener la inflación bajo control, a pesar de la crisis fiscal por los menores ingresos del petróleo.
Para los grandes propietarios, en cambio, los beneficios de la paz consisten principalmente en aumentar los precios de la tierra y por tanto la especulación para capturar las rentas de la tierra a costa de la sociedad, gracias a que los municipios no recuperan una parte de la renta con el cobro de impuestos prediales, como ha mostrado tantas veces Salomón Kalmanovitz. Por eso se oponen a la clarificación del dominio, al nuevo catastro y a la restitución de tierras, porque eso atenta contra la seguridad jurídica y su confianza rentista.
Este crecimiento de la producción campesina está ocurriendo a pesar de que el Gobierno no ha definido una política agraria integral para el posconflicto, pues ni siquiera ha presentado al Congreso el proyecto de ley de tierras; a pesar de que dejó sin financiación adecuada los programas de desarrollo rural con enfoque territorial, a los que el ministro Cárdenas sólo destinó $160.000 millones para el año entrante, y a pesar del incumplimiento de los compromisos pactados en los paros agrarios de 2013 y 2014 para apoyar la economía campesina. A todo esto se suma la ineficiencia del gasto en el Ministerio de Agricultura, que ha dilapidado los recursos en contratación a dedo con operadores no calificados para hacer desarrollo rural.
Como el duro trabajo productivo de los campesinos, los indígenas y los negros es invisible, nadie reivindica su aporte al desarrollo. El resurgimiento de la agricultura campesina y empresarial le debe mucho más al empeño del presidente Santos y a Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo por lograr la paz con las Farc, que a las ineficientes políticas institucionales para la agricultura, que ni siquiera han comenzado a dar los primeros pasos de la reforma rural integral.
alejandroreyesposada.wordpress.com

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