Que las Semillas Caminen como la Palabra ...


“Las Semillas igual que la palabra deben caminar

sin fronteras como lo han hecho toda la vida”

Cuál es el papel del Estado respecto a la circulación de las semillas? Dejarlas en Libertad

Es normal y aceptado que el Estado regule ciertas actividades de la vida de los ciudadanos a través de normas y leyes. Cuando los ciudadanos aprendamos a convivir sin estas normas llegamos a la perfección de la vida del hombre en sociedad. Este camino que se recorre hace miles de años no parece lograrse, cada vez nos inventamos más normas y cada vez nos inventamos más guerras.

Dicen los ideólogos del neoliberalismo que el Estado debe ser pequeño y eficiente para lo cual debe dejar de hacer muchas de las cosas que hacía antes para que sean asumidas por la ley del mercado. Y la ley del mercado la han resumido en una sola frase: Competitividad. Como si esta fuera la máxima de todo, enseñan que el que no es competitivo no sobrevivirá!

Con esta misma idea de la modernidad se dice que las semillas nativas y criollas no son competitivas: son rústicas, feas, heterogéneas, improductivas, son demoradas en producir, etc. Y hay que darle paso a las semillas modernas: bonitas, iguales, productivas, exigentes en cuidados, etc. Pero resulta que para poder producir estas semillas modernas se tiene que partir de las variedades nativas que son el esfuerzo del trabajo de cientos de generaciones de pequeños agricultores que desde hace más de 8 mil años domesticaron las plantas y empezaron a crear las variedades que hoy conocemos. El hombre moderno no se ha inventado casi nada en materia de semillas, simplemente lo ha “descubierto”. Este es el gran debate frente a quienes les parece normal la UPOV 91 que permite patentar esos “descubrimientos”.

La sociedad con la idea de favorecer la investigación y hacerla más eficiente y competitiva ha visto como normal dejar que los centros de investigación pasen a manos de la empresa privada y les ha premiado pagando por sus trabajos a través del desarrollo de las patentes, las cuales hacen parte de los indicadores para ser una buena Universidad o Centro de Investigación. El papel del Estado acá se perdió y ahora la investigación depende de las empresas que dicen que se debe o no investigar, que se debe o no producir. La ley del mercado lo decide!

Las grandes corporaciones internacionales envían el mensaje a los gobiernos: para continuar en esta carrera de la competitividad y el desarrollo requieren más poder, ¡el económico no es suficiente! Requieren el poder del control sobre la vida. Para ello es necesario que la sociedad acepte que ellos pueden intervenir en los procesos genéticos y apropiarse de todo lo que allí resulte: la Privatización de la Vida.

En últimas no es más que el monopolio del mercado lo que buscan. Quien tenga el monopolio del mercado será el más poderoso y podrá hacer lo que le venga en gana. Esto es lo que está sucediendo con las semillas. Las grandes corporaciones transnacionales tienen un control absoluto que están imponiendo a través de leyes nacionales e internacionales que debemos aceptar, porque es la única manera de acceder a la modernidad y ser competitivos. ¡Ellos tienen la última palabra! … a través de sus funcionarios.

Cuando miles de agricultores en todo el mundo están viendo que sus semillas desaparecen y que para poder acceder a ellas deben recurrir a los almacenes de semillas cada vez que las requieren, pareciera algo normal. Alguien en alguna parte está produciendo las semillas. Sin embargo, nos damos cuenta que perdimos el control sobre que producir, que las semillas no son las mismas, que las semillas ahora son transgénicas. Estas que en un futuro serán “Terminator” y no podrán ser resembradas por nadie.

El camino que nos dejan… ¿la libertad?

Cuando recientemente el Cacique Indígena de San Andrés de Sotavento envía una carta al ICA diciendo que no está de acuerdo que se hagan estudios de semillas que acepten que la COEXISTENCIA es inevitable porque ellos están apostándole a una agricultura ecológica sin transgénicos, los funcionarios responden en primer lugar dudando de su representatividad y en segundo lugar afirmando que los agricultores están en libertad de elegir o no las semillas transgénicas.

Entonces, quienes tenemos libertad de sembrar agroecológico? Es muy sencillo, el gobierno no protege a los pequeños agricultores, ni la agricultura ecológica.

Otro ejemplo de esto que nos está pasando tan normal:

Atilano es un pequeño agricultor del Sinú, en el Departamento de Córdoba que durante muchos años se ha interesado por el mejoramiento de semillas. Por su finca han pasado muchos grupos de investigación a crear nuevas variedades de maíz y él, muy amablemente les ha servido a su tarea. Hoy se siente defraudado con todo lo que ha hecho, pues su trabajo sirve para que las semillas sean privatizadas por empresas y convertidas en semillas transgénicas y no están al servicio de la humanidad como se lo habían hecho creer quienes pasaron por su finca. Hoy Atilano tiene temor que muchas de las semillas que conserva en su finca y comparte con sus vecinos sean declaradas por el ICA similares o no distinguibles de las mejoradas y pueda ser enviado a la cárcel o multado según reza el artículo 306 de la ley 1032.

Los productores de semillas y muchos pequeños productores campesinos, indígenas y afro en todo el país se sienten perseguidos por el gobierno, las leyes sanitarias los han vuelto delincuentes. Con el afán de cuidar la propiedad intelectual de las grandes empresas se han inventado además las normas más estrictas para el control de calidad, aduciendo que el interés general prima sobre el particular. Sin embargo, el derecho del consumidor es tirado al suelo impidiendo que sea informado sobre el contenido de transgénicos en los alimentos.

El gobierno debiera procurar apoyar al pequeño productor con políticas coherentes que defiendan sus derechos por sobre el de las grandes empresas transnacionales. El derecho a producir sus propios alimentos, a sembrar sus propias semillas, intercambiarlas y comercializarlas sin ningún reglamento, como lo han hecho toda la vida. Sus semillas deben ser tan legales o más que las certificadas, seleccionadas y registradas.

Debemos tener el derecho a tener territorios donde los transgénicos no entren porque no estamos de acuerdo con ellos. Esa debe ser nuestra libertad!

pero no podemos esperar a que el gobierno nos de la autorización, porque nunca parece que va a llegar y nos la tendremos que tomar en los mercados campesinos, en las ferias de semillas, en las tiendas agroecológicas, en las canastas solidarias, en los truekes, en los rituales de semillas… en los Territorios Libres de Transgénicos.

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