Cuidado, alerta!!! ACERCA DE LA PRIMERA REUNION LATINOAMERICANA SOBRE ACEITE DE PALMA SOSTENIBLE

Cartagena, Octubre 16 y 17 de 2008

La reunión se inició con la bienvenida del Ministro de Ambiente y Desarrollo Territorial colombiano, Juan Lozano, a los productores y representantes gremiales de varios países productores de aceite de palma de América Latina y de Asia, con un mensaje en donde se reitera que el país le apuesta y está comprometido con la Palma aceitera, señaló que el Gobierno nacional tiene la convicción de las bondades y beneficios que ésta industria le trae al país, recalcó también que al gobierno colombiano le gusta que las empresas privadas tengan enormes ganancias, y por ello el Estado está comprometido en otorgar los mayores beneficios a los empresarios, para que estos tengan rentabilidad; de allí las garantías jurídicas y financieras que se han hecho al sector palmero, y la creación del sistema de estímulos tributarios para los cultivos de tardío rendimiento, así como el enorme interés en acelerar el proceso de certificación.

Seguidamente, Jens Mesa Presidente de Fedepalma, (gremio que asocia a varias empresas palmeras en el país), se refirió al papel que ha jugado Fedepalma en la promoción de la RSPO (Mesa Redonda de Palma Sostenible) en los países latinoamericanos, así como el apoyo y compromiso del WWF en la consolidación de la RSPO tanto a nivel internacional como en el país. Señaló que si bien en Asia, especialmente Malasia, Indonesia y Tailandia se produce el 88% del aceite de palma a nivel mundial, América Latina representa el 6%, siendo la segunda región en la producción a nivel mundial.

En Colombia el cultivo de palma de aceite, sobrepasa las 350 mil hectáreas de las cuales alrededor de 210 mil están en producción (806 mil toneladas de aceite de palma), se dispone de una frontera agrícola de 3 millones de hectáreas y se plantea que el objetivo es reducir cada vez más los costos para escalar en la producción, adicionalmente el proyecto MDL del sector palmero concebido y desarrollado en el marco del Protocolo de Kyoto, centrado en 32 plantas extractoras, con miras a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para la captura de metano y a participar en el mercado de certificados de carbono.

Los temas abordados en la reunión de la RSPO, giraban en torno a los principios y criterios; expectativas y desafíos en Colombia; proceso de interpretación de los principios y criterios en Colombia; alianzas con los pequeños productores, con el apoyo de la USAID (United States Agency International Development) para la producción sostenible de aceite de palma; esquema de política para la caracterización de la tierra, para nuevos proyectos de palma aceitera en Colombia; esquema general de agricultura de precisión, para la sostenibilidad del aceite de palma y para la competitividad; experiencia internacional de procesos de certificación; expectativas sobre el sector de la palma en Colombia; importancia de productos sostenibles en Brasil; experiencia del Grupo Daabon en Colombia; mercados internacionales y sostenibilidad, como la RSPO está proyectada en América Latina y finalmente la preparación de la reunión mundial de la RSPO en Indonesia.

En el caso de la USAID, desde el año 2000 los proyectos financiados han sido 26, en la Costa Atlántica, el Magdalena Medio, la región del Catatumbo –Norte de Santander y en el Sur Occidente del país, el valor total de todos estos proyectos, que tiene como meta el establecimiento de 51.370 hectáreas en el 2010 asciende a US$ 194 millones. El modelo que promueven es a través de las llamadas “alianzas estratégicas”. Es muy importante señalar que estas se han hecho entre los grandes empresarios que manejan todo el proceso de producción y comercialización, además de recibir los enormes incentivos tributarios por parte del Estado y pequeños propietarios de tierras (de 10 a 12 hectáreas), quienes además de poner su tierra para el monocultivo, son quienes se endeudan con los bancos a través de créditos y ponen la mano de obra.

En esta reunión se promovió la certificación y en el caso de los pequeños productores, el objetivo es que ellos se asocien, para recibir en el caso de los socios de la empresa Indupalma la certificación Rainforest Alliance (avalada por la Fundación Natura). Se dice que la certificación hará que los pequeños palmicultores propietarios de 3.500 hectáreas implementen en sus cultivos el esquema de la Red de Agricultura Sostenible (RAS), así Colombia se posicionaría en los estándares internacionales como un país en donde se desarrolla un cultivo de palma sostenible.
El Presidente de la RSPO, Jan Kees Vis (Unilever), llamó a que Colombia terminara rápidamente la interpretación de los principios y criterios para que se llegara a la reunión mundial de la RSPO de noviembre en Bali-Indonesia, además de invitar a los otros países de América Latina para que se sumen a esta iniciativa.

Es importante señalar que la reunión se caracterizó por una propaganda a la RSPO, mostrando las “bondades” del cultivo de la palma aceitera y de la importancia de la certificación; la única exposición que señaló los inconvenientes que tiene este sector fue la ONG OXFAM Novib, quienes plantearon el problema del lavado de activos, la violación de derechos humanos, la problemática laboral (con las Cooperativas de Trabajo Asociado), el desplazamiento de comunidades locales, la problemática de tierras, la seguridad privada, además que en el caso de Colombia se suma el tema de la muerte a sindicalistas, finalmente advirtió que los principios y criterios de la RSPO han sido para la producción del aceite de palma y no para los agrocombustibles.

Estos aspectos vale la pena señalar, estaban incluidos en la Declaración que como organizaciones ambientalistas y sociales presentamos en esta reunión de la RSPO, que establece, que bajo esos criterios de sostenibilidad se le otorga un sello a plantaciones de palma, para vender el producto con garantías sociales y ambientales, legitimando un negocio lesivo, que vulnera los derechos de las comunidades locales (indígenas, afrodescendientes y campesinas), al tiempo que provoca serios impactos sobre los territorios y el patrimonio natural por tratarse de una estrategia de mercado que busca viabilizar la comercialización de los productos derivados de la palma, generando mayores dividendos y ningún tipo de solución a los conflictos ocasionados.

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